Por:
Tatiana I. Martínez M.
Panamá
juega uno de los papeles más significativos
del comercio mundial al poseer una de las obras de
ingeniería más sobresalientes que la
mente humana haya concebido que, aún después
de 91 años, continúa siendo uno de los
puntos de tránsito más importantes,
llamado Canal de Panamá, garantizando de este
modo, la unión entre los mercados internacionales
que cada día exigen nuevos retos y desarrollos
para la pujante industria marítima.
Hoy por hoy, el Canal de Panamá
forma parte de uno de los recursos más valiosos
del sector marítimo y es precisamente en nuestro
país, donde concentra la mayor fuerza económica
debido al inminente aumento de barcos que atraviesan
esta vía en los últimos años,
superando la demanda naviera y colocando a esta joven
nación, en el mapa de las oportunidades en
el continente.
Oportunidades que llegan de la mano
con nuevos compromisos y retos que encarar por parte
de las autoridades nacionales, quienes desde hace
algunos años, perciben con cierta inquietud
el futuro de esta vía interoceánica
frente a las nuevas tendencias de fabricar barcos
mucho más grandes (en tamaño y peso),
los llamados Post-Panamax, que están dejando
a esta obra de ingeniería al límite
de su capacidad (cerca del 90%) frente a otros mercados.
De aquí se desprende el hecho
de que una de las aspiraciones y prioridades del nuevo
gobierno panameño, presidido por Martín
Torrijos Espino, vea con interés la necesidad
de crear un tercer juego de esclusas que a su vez,
le garanticen a Panamá seguir siendo la ruta
marítima más factible, optimizando al
país en sus niveles de competitividad y liderazgo
naviero.
Un
eslabón en el corazón de América…
El
Canal de Panamá constituye uno de los adelantos
económicos y comerciales con mayor proyección
del siglo XX que ha logrado influir notablemente sobre
los patrones del comercio mundial, impulsando el crecimiento
en los países desarrollados, dándole
a otras áreas, la determinación necesaria
que requieren para su expansión económica.
Es así como en su gran mayoría,
el tráfico a través de esta vía
acuática, se moviliza entre la costa este de
Norte América y el Lejano Oriente, sin olvidar
a Suramérica y Europa, donde se concentra un
movimiento progresivo y una demanda naviera que ha
obligado a empresas de carga de estas zonas a establecerse
en este continente en busca de fortalecer sus transacciones
comerciales y la consolidación de sus horizontes
económicos.
Este factor de establecimiento, ha
sido aprovechado por Panamá, pues hoy se cuenta
con la infraestructura necesaria que brinda soluciones
en el sector marítimo a otros países
donde se emiten registros internacionales de naves,
inspecciones, certificaciones, entrenamiento marítimo
con personal acreditado y otros servicios que demande
el interesado.
Pese
a lo exitoso que ha resultado el Canal Interoceánico
en el desarrollo de estas transacciones navieras,
Panamá, empieza a descubrir que es ese eslabón
en el corazón de América, que ofrece
sus aguas al servicio del mundo y tiene mucho que
ganar al reafirmar su legado de “Puente del
Mundo y corazón del Universo”.
Esta magnífica obra de ingeniería
ha logrado un significativo aumento de naves que cruzan
sus aguas. Para la década de 1950, esta cifra
representaba 4,800 barcos anuales, mientras que hoy
la cifras se mueven en cerca de 18,000 y es posible
que para los próximos 10 años esta cifra
aumente significativamente, de aquí el interés
de ampliar esta importante arteria acuática
que avale el incremento de naves incluyendo las Post-Panamax.
Una
oportunidad por aprovechar…
A juicio de las autoridades involucradas
con esta iniciativa popular, la ampliación
del Canal llega en uno de los momentos claves que
vive Panamá, donde puede demostrar al mundo
que los panameños asumieron con eficacia, capacidad
y liderazgo, el compromiso de administrar esta importante
vía tras su reversión por parte de Estados
Unidos el pasado 31 de diciembre de 1999.
Es por ello, que tras dicho traspaso
de mando amparado en los Tratados Torrijos–Carter
y firmados en 1977 por el entonces General Omar Torrijos
Herrera y el presidente norteamericano, Jimmy Carter,
el Canal de Panamá puede hoy expresar con simpatía
y desde la administración de manos panameñas,
el compromiso de construir estas compuertas que de
seguro, garantizaría el libre tránsito
de buques mucho más grandes y supliría
así la demanda del comercio mundial.
Por primera vez en la historia, la
soberanía panameña tendría plena
autonomía en esta decisión que persigue
el gobierno actual, de aquí que ya se hable
de un posible referéndum para el mes de diciembre,
donde se llamaría al pueblo a una consulta
popular sobre el futuro de llevar adelante esta iniciativa
gubernamental en beneficio de la economía nacional.
Aunque la población nacional
está convencida de la apremiante necesidad
de construir un nuevo juego de esclusas en el Canal
Interoceánico en pro de las exigencias del
mercado y sobre todo, debido a los beneficios económicos
que proporcionaría al país, existen
sectores de la población que se oponen a dicha
alternativa por considerar que lesiona parte del ecosistema
natural de la región y defiende intereses ajenos
a los que se promueven actualmente.
Lo cierto es que la ampliación
del Canal se convierte en la oportunidad que le garantiza
a Panamá, desarrollar mucho más su potencial
al fortalecer su posición geográfica
como elemento incomparable al servicio internacional,
demandando entre otros factores, el trasiego de carga
a otras partes del mundo, por ser esta vía,
una de las rutas más cortas y factibles a otros
destinos estableciéndonos como centro de enlace
del comercio mundial, sin olvidar los ingresos que
genera con cada peaje de las naves que atraviesan
el Canal.
Un
reto que superar…
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Foto
Cortesía: ACP |
El Canal Interoceánico se
encuentra ante uno de sus principales retos: demostrar
su competitividad y rentabilidad. Es por ello, que
para las autoridades panameñas lo que inició
como un simple concepto, ha ido tomando formas conceptuadas
en una serie de estudios donde se palpan diferentes
aspectos que van desde el factor económico,
pasando por el financiamiento, desarrollo de la ingeniería,
sin olvidar el impacto ambiental sujeto al recurso
del agua, como elemento valioso del proyecto.
Este anhelado reto que pretende llevar
adelante el gobierno de Martín Torrijos, involucra
el perfeccionamiento de la tecnología que mueve
el Canal Interoceánico al transformar las eficientes
estructuras de esta vía acuática en
competitivas y ultramodernas compuertas, vaticinando
una mayor capacidad de tránsito en los próximos
años por aguas panameñas.
Con este acertado paso, Panamá
empieza a captar la atención de los grandes
mercados demostrando su nivel de competitividad y
liderazgo en la región, al expandir y modernizar
una de las estructuras más sólidas del
Siglo XX, reconociendo su rol de tránsito al
perfeccionar y mejorar puntos claves de la vía
como el Corte Culebra con la finalidad de hacer más
rápida la travesía de las naves.
El tema ya se maneja entre la población
y aunque la mayoría está convencida
de que es la oportunidad que requería Panamá
para posicionarse como zona de tránsito, aún
hace falta establecer nuevas estrategias para consolidarse
como una plataforma institucional en el sector marítimo,
mientras que la decisión final estará
en manos de la población quien tendrá
la última palabra en una consulta popular llamada
Referéndum.